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Self portrait – Auto retrato

Posted by asciidisko

08 Apr 2012 — No Comments

Posted in auto-retrato, Texts

Auto retrato
Las dos series fotográficas que aparecen aquí  tienen en común el que en ambas aparece por un lado una modelo de belleza arquetípica, y por el otro, la artista.
Mi persona ha aparecido desde el principio en mi trabajo fotográfico. En lo referente a esto, tan habitual en mi trabajo , la visión de los críticos es siempre muy distinta a la mía. Yo considero que no puede juzgarse de manera aislada, sino dentro del conjunto general de mi obra.
Admito abiertamente que me gusta posar ante la cámara, por su capacidad de ordenar el caos, de enfocar una realidad inventada y bajo control. Tras esta especie de rito de destrucción y reinvención solapada, tu persona vuela, figurativamente, por los aires.
El autorretrato en el arte es un tema que genera opiniones muy encontradas: hay quienes elogian esta opción del artista como su propia musa, que en la fotografía adquiere el aura del mito… de alguien que se desprende del ceñido cinturón social para trascender las apariencias.
Otros, por otra parte, critican ferozmente este tipo de trabajo por considerarlo indulgente, propio de individuos egocéntricos y por lo tanto, carente de valor.
Este es un tema que me gustaría enunciar brevemente desde mi experiencia y estas dos series fotográficas me servirán para ilustrar las cosas que son para mí importantes –si no en su resultado y apreciación final-, sí en su proceso.
KILLER #1 y KILLER #2 son dos fotogramas de una película inexistente. Dos personas en idénticos espacios, sorprendidas en la misma acción, ejecutada de diferente manera. La hoja del cuchillo es un espejo recortado: una foto dentro de una foto.
Si tuviera que definirme por una disciplina artística concreta, no dudaría en hacerlo como escultora. Incluso cuando trabajo en grandes instalaciones, pienso en el espacio como si se tratara de una escultura gigantesca. Para mí es muy importante fabricar el contenedor. Todo es una cuestión de escala.
Fotografiar el cuerpo es fotografiar escultura clásica. En el caso de KILLER #1 y KILLER #2, utilizo el busto como parte esencial que define al cuerpo humano. Como si hubiera sido creado en un torno de modelado. Pero mis referencias van siempre más allá del propio mundo del arte. La fotografía ha sido para mí – y sigue siendo- un fuerte referente. Cuando disparo autorretratos persigo un acabado estético muy controlado, pero consciente de un posible lado oscuro, magnético, abstracto e incompleto. Un único fotograma de una película podría ser un manifiesto de fotografía artística contemporánea.
Siempre tengo una necesidad urgente de afrontar las cosas. La perfección última no existe y la pieza que deseas construir tiene prisa por aparecer. Todo lo que haces sirve para dar pie a otra toma de conciencia de las cosas. Una foto tomada con flash es, en este caso, suficiente para mí. No me interesa afrontar la fotografía como una disciplina en términos de “luz”, “calidad” o “composición”. El autorretrato es una expresión rápida y gestual, casi expresionista.
El desarrollo de las obras de arte es parecido al de las películas: trama, nudo y desenlace. La velocidad de su ejecución corre en manos del artista. Sin embargo, su interpretación se abandona al devenir del público y del mercado del arte. Los sujetos que empuñan un cuchillo podrían ser los espectadores, no los artistas. El título de las fotografías es un guiño a esto: mirar y ser mirado. La respuesta del público –que los artistas no podemos prever cuando una obra se está generando- es una forma de violencia.SCRATCHED ARTIST y SCRATCHED MODEL: imágenes de revistas que rallamos con la punta de un bolígrafo y que generan una calidad gráfica. Si omitiéramos los torsos, podrían ser dos pinturas constructivistas. Son también borradores de las fotografías que debían ser, aquellas que se deleitan en los cuerpos desnudos impolutos. El referente directo de mi autorretrato sería David Bowie como Ziggy Stardust, con su imposible estallido de belleza camaleónica y andrógina. El mundo del pop, que concentra su discurso en la imagen del artista, explora muchos de los deseos estéticos que más me interesan. Todas las opiniones articuladas sobre el artista y su trabajo son nada más que arañazos sobre la superficie. ¿Es necesario detenerse a diferenciar entre artista y modelo? En SCRATCHED ARTIST y SCRATCHED MODEL, la fotografía donde aparece la modelo fue elegida en 2002 como portada para el número 1358 del suplemento de El País. La sociedad opta siempre por la perfección prescrita.
Desde mis comienzos, he utilizado y reciclado materiales tales como: restos o elementos de construcción; piezas de mi propio guardarropa a los que yo otorgaba el estatus de esculturas; o caracterizando mi propia persona como algo dúctil y de múltiples apariencias. Siempre he mantenido esa pulsión por manipular lo que me rodea. Cuando en una sesión de fotos, utilizo como materiales moldeables las identidades vibrantes, vivas de mis modelos, soy la persona más feliz del mundo. No son los materiales en sí ni los trabajos resultantes, sino la actitud que llevó a ellos, lo que me conmueve. Es casi una religión. Acelerar el primer impulso que te hace unir dos estructuras metálicas con el tejido elástico, insuficiente de una prenda íntima. En SCRATCHED ARTIST y SCRATCHED MODEL, utilicé las bridas de plástico que utilizan los electricistas para crear una imagen sofisticada, una identidad refulgente a partir de un material pobre, funcional.
El artista no acaba de encajar en la lógica social . Si su seducción nace de un lenguaje personal que no responde a lógicas preestablecidas, esta misma cualidad puede más tarde convertirse en la razón por la que se le rechaza. La torpeza o imperfección en la comunicación y vulnerabilidad del artista ante el espectador es el motor de mis autorretratos, porque las ideas son más importantes que el objeto en sí. Lo que la opinión pública convierte en falta, para un artista es su fuente inagotable de ideas.

Ana Laura Aláez

Self portrait
The two photographic series KILLER#1 /KILLER#2 and SCRATCHED ARTIST /SCRATCHED MODEL, have one thing in common: they both feature, on one side, a sample of conventional “model” looks and on the other, the artist herself.
I have regularly appeared on my work from my earliest photographic projects. In regards to such a common repetition throughout my work, art critics have a tendency to hold a view diametrically opposed to mine. I think that my self-portraits shouldn’t be judged separately, but as part of my whole practice.
I enjoy posing in front of the camera, I make no apologies for this: the camera’s ability to put order into chaos, of defining the details of a made-up reality, totally under control. Behind this rite of self-annihilation and rebirth, your everyday self is shattered into smithereens.
Self portrait in art is a topic that brings out un- reconcilable differences: some support this idea of the artist as its own muse, a status that photography elevates to myth… of someone who ditches the restrictive conventions of society to transcend appearances.
Others, however, criticise it fiercely, considering it self indulgent, egocentric and irrelevant. This is a subject I’d like to delve on from my perspective. I’ll use for this purpose the two photographic series in this catalogue, to illustrate all the things that do matter to me, if not for their final appreciation and results, at least for the process itself.
KILLER #1 and KILLER #2 are two stills from an imaginary movie. Two people in identical places, taken by surprise while doing the same action, but differently. The blade of the knife is like a mirror: a picture contained within a picture.
If I had to define myself by one single artistic discipline, I’d say that I do sculpture. Even when I work on large scale installations, I conceive the space as a giant sculpture. For me, making the container is of great importance: everything is a question of scale.
To photography the human body is to photography classical sculpture. In the case of KILLER #1 and KILLER #2, I use the torso as a part that encapsulates the whole human body. As if it had been created on a revolving modelling plinth . But my references go far beyond art history and the art world. Photography has always been –it still is- a strong reference. When I’m shooting a self-portrait, I seek a very polished finish, while at the same time, allowing for an alluring, darker side to show: the unknown , abstract, magnetic, incomplete… A single movie still could easily become a whole manifesto of modern photography.
I’m driven by an urgency to undertake my projects as soon as they appear in my mind. Ultimate perfection is of no importance and the piece I’m working on is always in a hurry to become a tangible reality. Everything you do enables you to achieve an awareness of things. In the case of these series, a flash-lit picture serves my purpose perfectly. I have no interest in understanding photography in terms of light, quality, composition… Self-portraits for me have to be a gesture, almost expressionistic in their fast turnover.
The narrative within a work of art is similar to that of a film: presentation, plot and outcome. The speed of its execution it at the artist’s discretion, but the interpretation or reading is left to the public and the at market. The subjects wielding a knife in these series could easily be not the artist, but the public itself: The titles are a reference to this: to look and to be looked at. The public’s response –something we artists can’t predict when we are submerged in our work- is a form of violence.SCRATCHED ARTIST and SCRATCHED MODEL: they are like those pictures in magazines that we scribble and on and scratch with a ballpoint, giving it a graphic quality. If we got rid of the models’ torsos, they’d look like images from the Constructivist era. They are also the sketches for the grand pictures that never were but should have, those that relish on the seamless perfection of perfect bodies.
The most obvious reference here would to David Bowie as Ziggy Stardust, with his impossible explosion of chameleonic, androgynous beauty. The pop industry, with its propensity to focus its discourse in the artiste’s image, explores all my most cherished aesthetic concerns. All the opinions expressed about the artist are nothing but shallow scratches on the surface. What’s the use of pondering on the difference between artist and model? In SCRATCHED ARTIST and SCRATCHED MODEL, the photography taken with the model appeared in 2002 on the cover of EL PAIS’ culture supplement. Society always chooses prescribed, safe beauty.
From my earliest beginnings, I’ve used and recycled things such as building materials; items taken from my own wardrobe and to which I gave the status of sculpture; or I included my own self, making its identity malleable, multiple in its external appearance. I’ve always used this compulsion for using whatever is available at hand. When I’m in a photo shoot an I use the vibrant identities of my subjects as live, malleable materials, I’m the happiest person in the world. It’s neither the materials nor the outcome, the finished product, but the vibe that led to its accomplishment, that inspires me. It’s almost religious. To prompt the initial impulse that makes you put two metal bits and perhaps the elastic material from a piece of lingerie, together. In SCRATCHED ARTIST and SCRATCHED MODEL I used the plastic cable ties used by electricians to create a sophisticated look, a glittering costume that started as a functional, mundane material.
Artists never quite fit into conventional social logic. If the nature of their seduction stems from a personal language that does not relate to a pre-established logic, this same quality can eventually become their undoing. A certain imperfection, a clumsiness in communication, the natural vulnerability of the artist in front of the viewer, is the drive behind my self-portraits, because ideas are more important than the object itself. What public opinion rejects as a mistake, for the artist can be an inexhaustible source of ideas.

Ana Laura Aláez

* texto publicado en el catálogo que la Galería Moisés Pérez de Albeniz realizó con motivo de 1o años como galería, 2007


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